Una pareja va al ginecólogo, y dice el marido:
–Mire doctor, es que tenemos un problema. Mi mujer y yo queremos tener condescendencia y no podemos. No sabemos si es porque yo soy omnipotente o porque mi mujer es esmeril. Antes hemos ido a otro doctor y nos ha dicho que mi mujer tenía la vajilla rota y la emperatriz subida, y que, como además la operaron de la basílica balear, no sabemos si eso puede influir. Y también a mí hace años me operaron de la protesta y a lo mejor me han quedado escuelas en el cuerpo. En la consulta de ese doctor le hicieron una coreografía a mi mujer y no vieron nada raro, y eso que las máquinas eran muy modernas, con ordeñadores conectados a una antena paranoica y todo. Nos recomendó que hiciéramos el cojito; y 15 días ella y 15 días yo haciendo el cojito, pero nada. Nos recomendó hacer vida marítima y nos fuimos de viaje por la costa y hasta compramos una barquita, pero nada. Además a mi mujer le nació un féretro muerto cuando tuvo un alboroto hace ya tiempo, y a lo mejor eso ha influido. Pero yo creo que mi mujer es frigorífica, porque nunca llega al orégano.
Y contesta el ginecólogo con sorna:
–¡A ver si va usted a tener un problema de especulación atroz!
(Este desternillante texto corre por la Red e ignoramos su autoría. El Callejero dio con él en las Loretadas del blog de Luis Loreto, pero la verdad es que está en todas partes. La DireSión.)
